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¿Qué nos llevó a creer en este error sobre el egoísmo?

En la infancia nos dijeron que pensar primero en nosotros era egoísmo, falta de amor, ser insolidarios. Nos transmitieron la idea: “si piensas antes en ti eres mala persona, primero son los demás”. Y además, esto nos lo dijeron personas muy influyentes en nuestras vidas, como son nuestros padres, hermanos o hermanas mayores, maestros…

Nos amenazaron con que nos quedaríamos solos si pensábamos antes en nosotros. También nos decían que las personas que se anteponían a los demás no tenían corazón, eran indiferentes, indeseables, les faltaba empatía… Lo oímos tantas veces que se nos quedó grabado. Y algunas madres y padres, con su ejemplo, anteponían en numerosas ocasiones los deseos de sus hijos a los suyos propios. Aprendimos de su modelo educativo que lo correcto era anteponer las necesidades ajenas a las propias.

Creer que es egoísmo nos hace sufrir porque:

Si creemos que pensar en nosotros es egoísmo, tendremos una baja autoestima, es decir, la incapacidad para valorarnos. Y si no somos capaces de valorarnos, ni de amarnos, tampoco seremos capaces de recibir porque, de forma inconsciente, creeremos que no nos merecemos nada. Al no pensar en nosotros no nos escuchamos y no captamos nuestras necesidades.

Como nos sentimos obligados a ponernos en segundo lugar, empezamos a llevar la contabilidad de todos los sacrificios que hacemos por los demás. Y si la cantidad de veces que nosotros nos sacrificamos por los otros no coincide con la cantidad de veces que los otros se sacrifican por nosotros, comenzamos a sentir malestar e insatisfacción porque nos “deben algo” que no nos dan.

Mientras pensemos así, es inevitable sufrir. Toda creencia que no nos aporte paz interior y armonía externa debería ser revisada.

 

 

“La persona más importante que hay en tu

vida eres tú”

 

– Gerardo Schmedling Torres –

 

 

 ¿Qué información de sabiduría puede sustituir esta creencia falsa?

Lo sabio es que te cuides para compartir, porque en caso contrario, no puedes dar lo que no tienes y compartes “malestares” en lugar de “bienestares”. Pensar en ti no es egoísmo; pensar en ti es autoestima, autovaloración, es escucharte y respetarte, aceptándote como eres. No puedes dar lo que no tienes; entonces, si no tienes amor para ti, ¿cómo puedes dar amor a los demás?

Autoestima significa ser feliz por ti misma, por ti mismo, y saber que puedes ser feliz con los demás si les aceptas como son. El verdadero egoísmo es querer que el otro haga lo que no quiere hacer, porque tú piensas que es lo mejor. Forzar a otra persona a hacer lo que no desea, eso sí es ser egoísta, porque no la respetas y pretendes quitarle la libertad. Sin embargo, que tú hagas algo que sí quieres hacer, no impide a los demás hacer lo que ellos deseen.

El egoísmo consiste en no aceptar a los demás como son. Pretender cambiar al otro y decirle: “tú te comportas mal, esto se hace como yo digo”, es una conducta egoísta disfrazada de amor, basada en una interpretación subjetiva de lo que está mal, que deriva en una falta de aceptación del otro. Lo sabio sería decir:

“¿qué necesito cambiar en mí para poder aceptarte?”

Egoísmo es no quererse a uno mismo y lamentarse constantemente de lo que no tienes o no haces porque te sacrificas o te has sacrificado por los demás. Entonces te conviertes en una “carga” para quien se encuentre a tu alrededor.

Tienes la responsabilidad de cuidarte, de escuchar tus necesidades y buscar la forma más sabia de vivir. Esto implica ponerte en el centro de tu vida y dejar de pensar que no es correcto hacerlo. Al contrario, olvidarte de ti, desatender tus propias necesidades sí sería erróneo y te llevaría a sufrir.

Cuidarte es imprescindible: solo tú puedes respirar por ti, comer por ti, pensar por ti… y, en definitiva, vivir por ti. Del mismo modo, solo los demás pueden vivir por ellos. Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo/a que lo que los demás piensan de ti.

 

¿Cómo puedes verificar lo anterior?

 En la naturaleza hay ciclos en los que se da y se recibe, y todo el mundo debe aceptar recibir para poder seguir dando, en perfecto equilibrio. Escucha tus necesidades. Por ejemplo, si solo te ocupas del bienestar económico de los demás y no del tuyo, acabarás como un huerto que no se abona, no se riega, no se cuida… sin recursos para tu sustento. Cuanto más tengas, más podrás compartir. Esto sucede a nivel económico y a todos los niveles. Verifícalo.

Cuando haces lo que deseas y permites que los demás lo hagan, no consideras que estén en deuda contigo, te sientes libre, en paz y feliz. En cambio, cuando lo haces al revés, comprobarás que, al hacer lo que otros quieren, te enfadarás con ellos o con ellas si no se cumplen tus expectativas. Verifícalo.

Comprueba que si das crédito a las opiniones de los demás en lugar de a las tuyas, sufrirás. Por ejemplo, si dejas a tu pareja porque no le gusta a tu familia, ¿serás feliz? Verifícalo.

Propuestas de entrenamiento

 1. Nadie puede saber cuándo tú tienes sueño, cuándo tienes sed, cuándo tienes hambre… Escucha tus necesidades y atiéndelas. Así serás más útil tanto a ti mismo/a como a los demás.

2. Cuando te llamen egoísta o tú llames egoísta a alguien, observa si le estás exigiendo hacer algo que no desea hacer.

3. Una herramienta para entrenarnos es la reprogramación mental. Repítete esta frase cuando tengas dudas sobre tu egoísmo: Solo yo puedo atender mis necesidades, y atenderlas no impide que tú atiendaslas tuyas.

Recuerda:

 

Eres la persona más importante

de tu vida

 

Fragmento extraído del libro “21 creencias que nos amargan la vida…y cómo superarlas para vivir más felices” Daniel Gabarró y Nieves Machín.

Si tienes cualquier duda, contacta con nosotras.

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