Dormir de madrugada y despertar al mediodía puede parecer inofensivo, sobre todo si el trabajo, los estudios o las costumbres personales lo permiten. Sin embargo, el horario nocturno sostenido en el tiempo no solo altera el descanso: también tiene un impacto directo en la forma en la que pensamos, sentimos y nos relacionamos. En psicología y neurociencia, cada vez hay más evidencia de que el momento en que dormimos —no solo cuántas horas— influye en nuestra regulación emocional, en el riesgo de depresión y ansiedad, y en el bienestar general. Ritmo circadiano El ser humano tiene un ritmo circadiano, un reloj biológico que regula los ciclos de sueño y vigilia, la temperatura corporal, el metabolismo y la liberación de hormonas. Este reloj está diseñado para sincronizarse con la luz solar: cuando amanece, el cuerpo aumenta la producción de cortisol para activar la energía; cuando oscurece, libera melatonina para inducir el sueño. Cuando se vive en horario nocturno —acostándose muy tarde y despertando después de que haya salido el sol—, este reloj se desajusta. El cerebro recibe menos luz natural en las primeras horas del día, y esto afecta neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, claves para mantener el equilibrio […]
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